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sábado, 25 de julio de 2020

2020. Primavera Cero.


foto: Alexis González Acosta.

Es la época de la sentencia a muerte de un orden social inútil y caduco. La cacareada globalización ha venido a crear más desconcierto. Es el manifiesto de que la civilización, tal y como la hemos entendido hasta ahora, se ha centrado en avances científicos y artilugios tecnológicos pero la condición humana sigue siendo la misma: el miedo, la desinformación, el egoísmo, políticas caprichosas, la soberbia, han generado la incapacidad de salvarnos con «nuestros propios avances» e impuesto el  caos. Se ha hecho visible la fragilidad de la vida humana en el orden natural de la existencia. Una vuelta a los orígenes..

Recuerdo la primavera pasada como la de Benedetti en su conocida novela: fue una primavera con una esquina rota. Pasé varios años de mi infancia y adolescencia en colegios internos, pero ni aún esa experiencia me sustrajo de la sensación de encierro y embotamiento de los sentidos a que me llevó el confinamiento decretado. Mezcla de estupor y aprensión frente a la inmensidad y omnipresencia de un enemigo letal e invisible. Es muy difícil aceptar que la espera en la quietud sea la respuesta a una situación, a un peligro acechante. He sobrevivido numerosos pasos de huracanes e inundaciones marinas en La Habana, mi ciudad de origen, pero siempre he sabido cuándo es tiempo de hacer y de esperar, de refugiarse y de reconstruir. Esta espera pasiva puede ser aterradora porque inmoviliza; nos roba todo linaje de acción. De repente me vi en La Mancha cervantina y quijotesca, solo, reducido por algo más pequeño aún que nosotros mismos, pero mortífero. Solo, con mis fantasmas y la visión de los vecinos muertos. Esto vino, quizás, para que nos conozcamos mejor. También para librarnos de equipaje innecesario y para saber qué y a quienes queremos y qué y quienes nos quieren de verdad. Mientras permanecíamos confinados la yerba no dejó de crecer, las aguas se hicieron más transparentes, los animales retomaron confiados lugares que antes fueron suyos. Algo parecido debe haber ocurrido en nosotros y nos toca identificarlo para que la primavera interior retome su cauce esencial en vínculo con la naturaleza.

No somos el centro del universo, solo una parte de él y seguimos empecinados en no verlo. Es innegable que hay una pugna entre la sensatez y el egoísmo. Muchos, por miedo, variaron la conducta pero han vuelto al viejo comportamiento apenas se sintieron un poco más confiados. Otros han comprendido la obsolescencia del esquema civilizatorio y luchan por el cambio. Debemos construir una sociedad al servicio de la especie humana, no obligar al hombre a mantener un esquema que lo aprisiona. La naturaleza nos está hablando y es hora de escucharla en serio. Debemos sumergirnos en ella, rescatar los orígenes. Nos va la vida en ello.   

viernes, 20 de septiembre de 2013

Aprendiz de América y el orgullo de ser latinoamericanos y caribeños



A Aprendiz de América (1), obra ensayística de Ernesto Sierra (Güines, 1968), no solo le amerita la vocación de este joven escritor cubano hacia la investigación y estudio del contexto literario de nuestro continente, sino también (y ante todo), su valoración latinoamericanista y martiana sobre autores clásicos y contemporáneos agrupados todos magistralmente.

Menciones-análisis siempre imprescindibles a Cervantes, Quevedo y el Arcipreste de Hita, entre otros, enriquecen las figuras de escritores de este lado del mundo como José María Heredia, José Martí (expuesto en su labor como cronista); de contemporáneos como Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar (Cortázar en sus noventa), Pablo Neruda (Sangre de piedra araucana), Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Augusto Roa  Bastos, Carlos Fuentes, el brasileño Rubem Fonseca, Mario Benedetti (Contar con Benedetti), Lezama Lima, Alejo Carpentier, Luis Rogelio Nogueras, o a peninsulares náufragos en nuestras costas como Juan Madrid. Tampoco deja de pasar por alto la riqueza de publicaciones periódicas como el revistero de la Vanguardia hispanoamericana correspondiente a la década de los años veinte del pasado siglo.

Valoración especial —entre otras sobresalientes—, al capítulo “Apuntes para una historia del desagravio”, donde Sierra (con pluma en ristre) denuncia el execrable episodio de la Conquista y Colonización de nuestras tierras americanas, junto a su matanza de seres humanos: “(…) La celebración del V Centenario trajo consigo largas e interminables polémicas acerca de la cuestión indígena. De ellas han derivado una serie de iniciativas encaminadas a encarar la situación de los pueblos amerindios como lo que son: un volcán ubicado en el mismo centro de los conceptos de Unidad, Independencia y Nacionalidad de las repúblicas americanas”.

Acercamiento acertadísimo el de este también Profesor universitario al plantear determinadas situaciones/problemas engendradas durante los primeros años del triunfo de la Revolución cubana en la esfera literaria. Es el caso de la revista Mundo Nuevo (Julio/1966- Marzo-abril/1971) promovida y financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos, con el objetivo de obstaculizar y aplastar las ideas de izquierda en la América Latina de la década de los sesenta:

“Emir Rodríguez Monegal (su director), es un entusiasta de la Literatura latinoamericana, y fomenta este tipo de discurso en un momento de subversión del orden a nivel mundial, en que surgen líderes y movimientos populares en cada momento y la cultura de masas es moda. En la antesala de los 60, la Revolución cubana y sus barbudos lanzaron la América Latina al podio de la opinión pública mundial, y por esa brecha pasó de todo “(…) Hubo números que se convirtieron en una simple tribuna anticubana, en la que apenas se hablaba ya de literatura(…)” La FundaciónFord, que sostuvo durante cerca de cinco años la publicación de Mundo Nuevo, no renovó hacia fines de 1970, la subvención que le había otorgado. Por tal motivo éste (Marzo-abril/1971) constituye el último número de la revista”.


Así, entre anécdotas, citas diversas, críticas, experiencias personales y colectivas, elementos biográficos, sociológicos y hasta antropológicos, entre otros elementos, Aprendiz de América  nos transporta a ese inconmensurable contexto de Nuestra América —desde antiguos hasta contemporáneos—, blanca, india, negra, mestiza, en todo su proceso de transculturación y aculturación para, a través de nuestro propio espejo, observarnos con suma profundidad y enorgullecernos. Y, para nunca soslayar, que la cultura hegemónica se esmera en propagandizar únicamente en los códigos de la inmediatez, lo industrial, lo moderno, lo confortable, lo propio, lo placentero, lo simple, lo fácil, una nueva tecnología de las esperanzas y las expectativas como parte de la ingeniería del consenso creada al servicio del capital. Tecnología que tan solo apunta al futuro —porque no puede detenerse a explicar las crudezas del presente y se bloquea ante la Historia—, pues frente a la memoria es altamente corrosiva. Para generarla, se emplea toda la diversidad de aparatos culturales disponibles.

De todo ello nos alerta Sierra en este título, y siempre teniendo en mente a nuestro José Martí. Al respecto y en el capítulo titulado, Sobre el Martí cronista, expone: “(…) Otro rasgo novedoso del Martí cronista es su manejo subjetivo de la noticia. No se detiene en los preceptos básicos del periodismo, sino que violenta la estructura narrativa con comentarios, exclamaciones, saltos cronológicos, lleva y trae al lector por ese mundo de asociaciones que le es tan propio. Aún así, el “yo” martiano no tiende a ser una expresión individualizadora o personalista. Dadas sus concepciones históricas y sociales, Martí subvierte ese “yo” moderno en un “yo” colectivo que asume al cultura como patrimonio de todo el género humano; un “yo” que intenta resumir la esencia del ser y, por tanto, se generaliza para convertir la escritura y su recepción en un espacio más amplio y democrático”.

Aprendiz de América, a través de sus páginas de inobjetable sapiencia, nos convoca a batir palmas por el orgullo imponente de ser latinoamericanos y caribeños. El tintero aún continúa expectante por nuevos obsequios de este Autor.


miércoles, 29 de mayo de 2013

Se presenta Aprendiz de América, de Ernesto Sierra


 




Cuando Ernesto Sierra me dijo que pasara por la UNEAC a recoger su libro Aprendiz de América (Editorial Arte y Literatura, 2012) me sentí halagado, extrañado, agradecido e intrigado, todo eso a la vez.

Al abrir el libro y ver que su prólogo era de uno de mis tocayos ilustres (Rafael Acosta de Arriba), pensé que bien poco podía aportar. Pero me arriesgué a escribir estas líneas, no por el mérito dudoso de arrojar alguna luz sobre la obra, sino por el gusto de reencontrarme con ese espíritu con el que compartí un breve pero fértil semestre.

Empecé a rememorar lo que fueron aquellos seis meses de Literatura Hispanoamericana, seis meses que siempre le parecieron pocos para un verdadero curso de Literatura, y que al final se nos quedó chico a los alumnos también. Recuerdo que no pocos compañeros de clases descubrieron el bosque de las letras del continente con los relatos de los nativos y la Araucana de Ercilla en las raíces, con la inapresable poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, con el preciosismo del indio Rubén Darío y las batallas estéticas de las vanguardias. El bosque de las letras que, vale aclararlo, nunca se desligó de ese reino que lo contiene y que es la realidad del continente mismo: la conquista, la masacre sistemática y sostenida de los pueblos originarios, la formación de identidades nacionales, las luchas de los siglos XIX y XX y el apetito voraz de Norteamerica. (A mí, en lo particular, me reconcilió con Quiroga y sus cuentos exactos, con esa escritura seca y negra como la sangre vieja).

De los códices a Roberto Bolaño, Ernesto Sierra nos paseó por una América fecunda y diversa que poblaba con sus anécdotas y lecturas. Leía como ya no acostumbran a leer los profesores universitarios, apoyado en una mesa, con un libro muy ajado entre las manos y la voz de los lectores vibrantes, una voz cuya particular cadencia y sonoridad revelan cuánto de placer halla en el acto de la lectura.

Aun sin la nota de presentación que introduce Ernesto Sierra, basta leer las primeras páginas para vislumbrar algunas de las constantes que marcan el conjunto de ensayos reunidos en el libro: la visión personal de su autor y una mezcla de pasión y estudio por y de los libros. El fenómeno del boom, los cronistas de Indias, las revistas de las vanguardias, entrar en Aprendiz de América fue volver a unas clases que para mí no lo fueron, fue retornar a esos diálogos que sosteníamos pasadas las dos horas reglamentadas por el horario docente, horas en las que opinábamos y discutíamos como dos iguales.

La lectura atenta nos revela una suma de textos caóticos y heterogéneos, como si esta fuera la única manera de apresar el espíritu de Latinoamérica. El libro dividido en cuatro partes (bocetos diversos sobre la obra/vida de escritores; ensayos más prolijos sobre obras o fenómenos específicos; una serie de trabajos que tienen por protagonista la revista Nuevo Mundo; y acercamientos a la realidad de los pueblos originarios y a los procesos de construcción de la historia de América Latina) se resiente un tanto con el acápite dedicado a la revista Nuevo Mundo. Resulta interesante como trae a colación un caso insuficientemente estudiado y poco resaltado por los estudios literarios en Cuba como es el papel jugado por esta revista como un elemento de reconfiguración del campo literario de los años 60, y los mecanismos –pudiéramos llamarlos- extraliterarios que utilizó Emir Rodríguez Monegal para imponer un escritor brillante y aparentemente desideologizado como canon del creador del boom de la novela latinoamericana. Sin embargo, la acumulación de textos sobre el tema atentan contra el caótico concierto que alienta todo el libro.

El título del libro le hace honor como pocos a su autor. Hay cierta liturgia, cierto halo místico y arcano en su vocación por el continente. El aprendiz es un ser en transición, un viajante curioso que tantea, indaga, husmea entre los saberes mayores, lanza opiniones que pueden o no gustar a su maestro, pero sobre todo, no se detiene en la búsqueda de un conocimiento que lo apasiona. Porque no es, como pudiera parecer de una mirada superficial, un interés circunscrito a la acumulación notable de textos literarios a lo largo de los siglos de la historia americana. Estaríamos más cerca de la verdad si decimos que la literatura fue la faceta que escogió este aprendiz de América para descubrir y homenajear su tierra, su tierra inabarcable e inconclusa a la que seguirá mirando con los ojos llenos de asombro.


La editorial Arte y Literatura en su colección Argos presentó este viernes 24 de mayo a las 4:00 p.m. en la sala Martínez Villena de la UNEAC, el nuevo libro de Ernesto Sierra.

De izquierda a derecha, Ernesto Sierra, los poetas y ensayistas Guillermo Rodríguez Rivera y Rafael Acosta de Arriba y la editora Dania Pérez Rubio




Por: Camilo García López-Trigo 


"América es mucho más que un lugar en la geografía". Así empieza el escritor Ernesto Sierra la Nota Preliminar de su libro Aprendiz de América, presentado el pasado viernes 24 de mayo en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, con la presencia de los Premios Nacionales de Literatura Pablo Armando Fernández y Nancy Morejón. 

El libro, que el propio autor calificó como "una bitácora personal", constituye una nueva recopilación de un grupo selecto y muy variado de escritos sobre Latinoamérica, que ha realizado en diferentes momentos de su vida, a partir de sus reflexiones ante diversos temas que fueron inquietando al escritor.

Una primera compilación homónima fue realizada en 2005 por Ediciones Unicornio, de la entonces provincia Habana. En 2012 la Editorial Arte y Literatura decidió realizar esta nueva propuesta ampliada, a petición del Instituto Cubano del Libro -como parte de sus publicaciones en el bicentenario de la independencia latinoamericana-, con edición y corrección de Dania Pérez Rubio.
El investigador y ensayista Rafael Acosta de Arriba tuvo a su cargo el prólogo del libro y, durante la presentación, destacó que la prosa utilizada por Sierra es "eficaz" y "limpia de hojarasca", para adentrarse "con lucidez" en los más variados temas que muestran la vocación latinoamericanista del autor.

Por sus páginas desfilan personalidades literarias del continente como Benedetti, Cortázar, Borges, Neruda, además de sus coterráneos Martí, Heredia y Luis Rogelio Nogueras, y muchos otros. En sus escritos se armoniza, de forma amena y fluida, interioridades de la realidad literaria, social y política de la región, pasando por temas cruciales del sur del continente, como el racismo, las complejidades del tema indígena o el mercado de la literatura en los años 60 del pasado siglo.

"Late la vocación crítica de un buen conocedor de las letras continentales", continuó señalando Acosta de Arriba, para resaltar que: "Ambigüedad de tradiciones, extrañeza del ser, máscaras, políticas, culturas ancestrales con quebraduras de todo tiempo, excentricidad ibérica, dolor denso para repartir al mundo, espejos fragmentados, utopías volatilizadoras y retornantes, todo ello es este gran pedazo de tierra habitada por millones de seres al sur del río Bravo; y Ernesto nos da algunas de las astillas rotas o fragmentos en estos trabajos de mucho interés."

Ernesto Sierra, nacido en Güines en 1968, es Graduado en Letras por la Universidad de La Habana y Diplomado en Estudios Amerindios por la Casa de América de Madrid. Ha dictado conferencias en Latinoamérica, Europa y los Estados Unidos y actualmente compagina sus responsabilidades en Cubarte -como Director Editorial y Subdirector- con los estudios doctorales en la Universidad de Castilla-La Mancha.

De su "filiación americanista desde el primer momento" también dio fe durante la presentación del libro el poeta y crítico literario Guillermo Rodríguez Rivera, quien fuera profesor de Sierra en la Universidad de La Habana. Recomendó la lectura del libro para conocer sobre el hoy y el ayer de Latinoamérica, "para disfrutar y aprender" pues, sobre todo, "inquieta y divierte, pero al mismo tiempo ilustra y enseña".

En el contexto del resurgimiento del fervor latinoamericanista durante la última década resulta una valiosa propuesta que Rafael Acosta nos presenta como un calidoscopio donde tienen cabida "los grandes maestros de la literatura del continente, los agravios y el sufrimiento de sus pobladores más desconocidos, los avatares de las batallas políticas o comerciales de su intelectualidad".

De esa forma nos llega la invitación a una lectura atenta del libro, al constituir "un tributo a la cultura encarnada de América Latina, de su sangre generosa".

Aprender América



 Fecha: 2013-05-24
 Fuente: CUBARTE 
 
Guillermo Rodríguez Rivera habla sobre Aprendiz de América

por: Guillermo Rodríguez Rivera
Aprender América
La Editorial de Arte y Literatura del Instituto Cubano del Libro acaba de poner en circulación en su colección Argos el título Aprendiz de América, del joven ensayista Ernesto Sierra.
Hace muy poco más de veinte años (que, al decir de Quevedo, han pasado mientras uno lo duda) Ernesto Sierra (Güines, 1968) formaba entre los estudiantes de la Facultad de Artes y Letras  y figuraba en alguna de las aulas donde yo impartía clases.

Egresado como licenciado en letras por la Universidad de la Habana, Sierra definió rápidamente su vocación de americanista. Desde entonces ha sido profesor universitario e integrante del equipo de realización de Casa de las Américas, bajo el magisterio de Roberto Fernández Retamar.

Este libro que ahora empieza a circular es una muestra de esa vocación de Sierra para explorar el complejo panorama de las letras latinoamericanas, porque Aprendiz de América muestra a un estudioso que no parece encontrar valladares que lo detengan para hurgar en el vasto y diverso corpus literario de nuestra América.

Por supuesto que están aquí los acercamientos de Sierra a los narradores latinoamericanos del siglo XX. Si no me falla la memoria, su trabajo de grado para recibir su título de filólogo, giró en torno a la figura de Leopoldo Marechal, el autor de esa clásica novela hispanoamericana que es Adán Buenosayres.

Marechal, quien fuera también importante poeta de la vanguardia argentina, es estudiado aquí como parodista.

Desde la vanguardia argentina —no obviar el breve acercamiento a Jorge Luis Borges— Sierra se aproxima a maestros de la diégesis como Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Augusto Roa  Bastos, Carlos Fuentes y Mario Benedetti.

El idioma (aquí, el tránsito del español al portugués) no amedrenta a Sierra para abordar el trabajo del narrador brasileño Rubem Fonseca, quien se vale de los artificios de la narración policial para establecer un inquebrantable vínculo con sus lectores que, como al español Juan Madrid —divertido contrabando español en esta cosecha americana— le permite ir más allá de lo que cabría llamar el ámbito lúdico del policial.

Pero Sierra, como decía al comenzar esta reseña, no le teme a los límites: es capaz de lanzarse a explicar lo poético, en figuras como el chileno Pablo Neruda y el cubano Luis Rogelio Nogueras.

No deje el lector de aproximarse al acercamiento de Sierra a las revistas de vanguardia hispanoamericanas, esencial aproximación para comprender el rico panorama de la vanguardia en Hispanoamérica, desenvuelto a lo largo de la década de los años veinte.
No menos interesante resulta la crónica en torno al papel que desempeñó en la lucha ideológica de los años sesenta, una revista como Mundo Nuevo, promovida por la CIA para quebrar el predominio de las ideas de izquierda en la América Latina de entonces.
Interesantes y como una pieza de sociología de la literatura, son los tres artículos que Sierra titula “Literatura y mercado en los 60”.

Como para completar su visión totalizadora de América —Sierra ha cursado estudios amerindios en la Casa de América, de Madrid—el autor nos presenta el que cabría llamar su homenaje a la “pacha mama”, en las páginas finales del libro, bajo el título de La voz de la tierra.

Buena presentación de credenciales de un aprendiz que ha estudiado bien lo que se ha propuesto conocer y, además de cumplir su aprendizaje, es capar de enseñarnos a sus lectores.

Con la voz de la tierra



por: Tula Ortiz, 20 de mayo de 2013


“Con la voz de la tierra”, título de uno de los trabajos que encontraremos en Aprendiz de América,  podría también  llamarse este libro que sobre la literatura  hispanoamericana ha escrito Ernesto Sierra, desde una mirada  lúcida y abarcadora que enlaza los orígenes literarios del continente, con el mundo español, su literatura ancestral y los momentos de contemporaneidad de algunos de sus mejores exponentes. 
Ninguna duda cabe que para Aprendiz de América, compilación bien estructurada de libros, autores  y temas de las letras del Nuevo Mundo, bien pudieran aplicarse las palabras con que Guiseppe Bellini culmina su Nueva historia…: “el lector tiene en sus manos el ejercicio largo de una buena voluntad sostenida por una pasión hispanoamericana de muchos años”.  
Y tiene razón y mucha también Rafael Acosta de Arriba el prologuista del volumen, cuando acusa en los textos, en general, la sensualidad de un enamorado hacia los temas que trata, por el cuidado con que se expresa y yo diría entonces, proponiendo la lectura de estas páginas visionarias,  y de alguna forma también crónicas de la vida cultural en relación a autores: momentos significativos de la producción literaria  y libros que, para construir el camino lector de cualquiera que se asome a lo aquí escrito, la frase ancestral  reelaborada  es bien válida: la letra con amor entra . 
Encuentran un destino común creadores y temas,  desde  el origen  de la formación de las identidades americanas hasta cuestiones más recientes con una visión hasta cierto punto  didáctica, pero vistas a partir de la mejor pedagogía; la del alumbramiento; la de demostrar con el ejercicio algo tan bien dicho: “no solo de críticas vive el hombre por eso le echa recuerdos adentro”; y dar a los otros con generosidad,  las memorias de una lectura que queremos tener siempre en nuestra cabecera, las palabras que le hicieron crecer, cuidando mucho ser absoluto y, sobre todo, cuidando con tino el valor de la justicia cuando de enfocar temas controversiales  se trata. 
Celebro con mucha alegría la presentación de Aprendiz de América del autor  Ernesto Sierra, porque en sus palabras encontraremos la magia de esa vieja cartuja tan celebrada por  Benedetti, uno de los autores que, entre otros, se presenta  para el elogio y el merecimiento en estas páginas.  
Lo elogio y pongo mi fe  de que con ellas, el autor está también configurando y dando a todos  el mundo maduro que es el mundo americano de las letras.