Tarde de sábado, me dicen que la
ciudad está imposible, que la gente ha tomado las calles por asalto atraída por
las rebajas. Aún así me planteo llegar. Una hermana, más que una amiga, ha
venido desde muy lejos con su grupo de teatro. Pero imposible significa exactamente
eso: imposible. No pude llegar. Me despido de Antonio y Rafa, más que dos
hermanos son las columnas de Hércules andantes que soportan mis desvaríos de
poeta enmudecido, de animal huraño frente al papel y el lápiz, de ermitaño
citadino en busca de terminar una tesis doctoral que alimenta con fuerza esos desvaríos,
pues me seduce perderme en lecturas, sentencias de antiguos y modernos maestros,
viejas y nuevas metáforas, anécdotas de escritores, músicos, pintores, personajes
históricos, arquitectos, buscadores de utopías, perseguidores del amor y la
belleza bajo las formas más insólitas, hasta que en algún momento el caos de lecturas
asume su lógica incomprensible pero existente. Como ahora, que deserto de la
ciudad y me dejo arrastrar por el innegable aliento romántico que desprende una
chimenea en invierno para el animal tropical, caribeño -por más señas-, que soy,
y tropiezo en la jungla de internet con estas valiosas palabras de Roberto
Fernández Retamar, estimuladas por la amistad y el milagro de internet.
Conversación que me devuelve a Borges, Marechal,
Lezama, Cortázar, es decir, a algún
rincón de mi mismo, a esa tesis, pretexto para seguir desvariando sobre la
literatura y la vida, escapado del ruido y las rebajas de enero, aquí, a la
orilla de la chimenea, sin Sabina pero muy bien acompañado.
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sábado, 20 de enero de 2018
jueves, 11 de abril de 2013
De bibliotecas y libros de colección
por: Marilyn Bobes.
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| Marilyn Bobes |
El fervor borgiano por las bibliotecas acompaña a Ernesto Sierra desde la
más temprana infancia. Aun antes de iniciarse en las lecturas de su Biblioteca
Municipal, el niño que era sostenía una misteriosa e indisoluble relación con
las palabras.
Por ello no es extraño que su
primera incursión en la escritura de fición lleve como título Avatares de una biblioteca y que,
nuevamente, tomando como referencia a Jorge Luis Borges sea en ese espacio
sagrado donde ejerza, con exquisita efectividad, su oficio de narrador y
compilador.
Este libro es una rara avis en el panorama de la
literatura cubana. Para el autor es un “divertimento”. Para nosotros: un regalo
que contiene la sabiduría del saber decir y la imaginativa manera de hacer del
libro, más allá de un objeto de uso, una pieza de colección, como corresponde a
quien tiene la literatura como ejercicio de vida y desafío a la creatividad.
Cinco piezas bastan a
Ernesto para sumergirse en sus ficciones que, en su totalidad, convierten a la
lectura en personaje protagónico.
Les confieso que prefiero
entre todas la que da título al volumen donde el autor concentra todo su poder
y su magia y nos ofrece un cuento antológico pletórico de erudición a partir de
una prosa suelta y elegante.
“Cada libro—nos dice---
encierra uno o más secretos y las bibliotecas están llenas de ello”. Y esta
quizás es la divisa que recorre las páginas de un volumen pequeño en extensión
pero intenso y visceral en que se rinde homenaje a grandes nombres como Borges,
Quevedo o Umberto Eco con los cuales Sierra tiene deudas muy bien asimiladas.
Como ya dije en la nota de
contracubierta: la lectura, entendida como una dialéctica y un proceso activo,
se nos presenta en esta obra como condición indispensable para el
desciframiento de los misterios que la acompañan.
En un panorama literario
donde el realismo, a veces soez, preside el afán de los narradores por
mostrarnos la vida que supuestamente vivimos en absoluto, Avatares de una biblioteca se convierte en lección de lo que es
posible todavía abordar desde un ángulo diferente, concediendo a lo universal
la presencia e importancia que debe tener en la poética de los escritores
cubanos.
No voy a referirme a las excelentes
ilustraciones de José Luis Fariñas porque para ello contamos con voces más
autorizadas; pero sí me gustaría apuntar que las entiendo como parte
inseparable de los relatos al dotar a las grandes voces hispanoamericanas que
hablan con ellos del apropiado entorno para una lectura que engloba el placer
estético más allá de las palabras.
En este sentido también cabe
destacar la cuidadosa labor que ha convertido al autor en antologador de
fragmentos magistrales de hitos de la lengua española que dan unidad a los
temas tratados y, en cierto sentido, los complementan.
Así, a modo de pequeños
anaqueles que cruzan las páginas de este libro-biblioteca, encontraremos textos
de José Lezama Lima, Ortega y Gaset, Gabriel García Márquez y Miguel de Cervantes.
Una polifonía que enriquece la voz del narrador hasta fundirse con ella en
propósitos y vocación.
En resumen Avatares de una
biblioteca, publicado por Ediciones Boloña, es un libro de colección. Para los
que amamos el mundo editorial y la literatura se trata de una empresa digna de
encomio.
De ella sale triunfador
Ernesto Sierra que nos demuestra sus virtudes de narrador a la vez que nos
entrega un objeto sui géneris marcado por el refinamiento y el buen gusto.
Ojalá los lectores y la crítica sepan apreciarlo en su justa dimensión.
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